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Su gran socio

Juntos forman una sociedad futbolística demoledora. Los dos prometen dar siempre mucho futbol y deleitar a la hinchada. Y ambos ya conforman una de las mejores duplas de todos los tiempos.

La fiesta empieza cuando ellos tocan Todo lo que pasa por sus pies se convierte en fútbol. Como en La Plata, más que nunca, Pablo Aimar y Javier Saviola fueron los pibes 10. Abott y Costello. Laurel y Hardy. Bonnie and Clyde. Aimar y Saviola... Ayer, otra vez, en River gozaron de los placeres de la dupla más terrible del fútbol argentino, la del cordobés de 19 años y el Pibito del barrio de Belgrano. Sus piernas valen oro, tanto que River ya las tiene aseguradas con una compañia inglesa en una cifra cercana a los 15 millones de dólares cada uno. Se van juntos de los entrenamientos. Comparten con Costanzo y Guillermo Pereyra las milanesas que prepara Mary de Saviola, la mamá del Conejo, el día previo a los partidos. Son amigotes desde que Santiago Solari se fue a España y el Cai perdió a uno de sus más grandes compinches. De hecho, Saviola guarda en su casa una tapa gigante de Olé, en la que comparte el festejo de un gol abrazado con el Payaso.
Pero eso es afuera de la cancha. Porque adentro es otra historia, igual de sabrosa. Pero con botines y una pelota. Se miran y ya está. Se devuelven gentilezas, tocan de cabeza en el área rival, tiran caños. Se regalan goles. Saviola, de a dos. Aimar, de a uno (el otro que le correspondía se lo cedió a Angel, privilegios que sólo se dan los cracks). El repertorio del tándem Pablito y Javier es amplio y se cotiza a pasos agigantados, lo que le quita el sueño a los principales millonarios del Calcio y del resto de Europa. Son pacíficos. Javier, fiel a sus CDs de Queen. Pablo, a full con las canciones de la Mona. Son tranquilos. Pero si se enojan, se convierten en dos armas letales para la salud del rival. Asustan. Tanto como para que el propio Palermo (actual goleador del Apertura con seis goles) esté alerta con Saviolita, quien le pisa los talones con apenas un gol menos. "Pero qué inconsciente, ni se dio cuenta de lo que acaba de hacer", relata Costa Febre en la radio de la familia Saviola, en la calle Dragones al 1.800. Mary y Cacho, sus padres, se abrazan. Al rato, reciben el llamado de su hijo y le regalan miles de felicitaciones. "Gritamos a lo loco. -Qué manera de festejar los 50 partidos!", le contó emocionada Mary a Olé. Aimar y Saviola son como Gardel. Cada día cantan mejor...
 
La Herencia
La lotería genética tiene poco de azar en River. Su historia lo refrenda a ser alimentado con otra receta que no sea la del fútbol efectivo asociado a la estética, el respecto a la herencia funciona como un rasgo distintivo a lo largo de las generaciones futbolisticas que hicieron grande al club. En este marco, la irrupción explosiva de la dupla Pablo Aimar - Javier Saviola aparece como un postre sabroso de un siglo que tiene en la Banda a una de las mayores fuentes generadoras de talentos.
Estos chicos que hicieron arder las gargantas de todo millonario de estirpe heredaron una información genética que se transmitió a travéz del laboratorio de Nuñez. Puestos en una escalera comparativa, ellos también quieren ganarse un lugar en la historia. Y ya empezaron a hacerlo. En forma individual y, lo que es más atractivo, como dupla.
Por supuesto, si nos remitimos al marco riverplatense, los ejemplos nos darán pie a que entendamos esta verticalidad cronológica que termina siempre con los talentosos luciendo una banda roja en el pecho. Empezando por aquel tándem que irrumpio abruptamente en la década dek '30 y que formaron José Manuel Moreno y Adolfo Pedernera. Hombres que supieron de estadios rugientes por sus virtudes formaron una sociedad explosiva que muy pocos cerrojos defensivos supieron clausurar.
Otro dúo que hizo historia, más por lo explosivo que po lo duradero, fue el que conformaron Enrique Omar Sívori y Norberto Menéndez. Si bien la venta del Cabezón terminó por desarmar una formula que ya habia comenzado a escribir un capítulo importante, la impresión que dejó el entendimiento entre ambos pesó más que la fugacidad. La intensidad, en su caso, le ganó al tiempo.
En la época del flúo, del fútbol televisado y los millones de dólares en sociedad con el marketing, River también hizo punta en la década del '90 con una dupla que supo de goles y gloria: Hernan Crespo y Ariel Ortega. Cuando Daniel Passarella les dio cabida en la primera la rompieron. Crespo, en su función de hombre-gol; el Burrito, como generador de juego. Aun mantienen la sociedad en la seleccion Argentina. La banda paso a ser un grato y añorable recuerdo.

Al final de cuentas, el payaso y el conejo son una gran muestra de juego y futbol. Y que los genes de la historia no están relacionados con el azar.

 

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